lunes, 27 de octubre de 2008
Mapas
Siempre habrá en la humanidad una necesidad por cartografiar todo
aquello con lo que se encuentre y a lo que tenga acceso. El mapa puede considerarse como
una proyección mental que, traducida a través del dibujo, pretende
mostrarnos como es el mundo. Esta "manera" no es solo grafica, si no que también esta atravesada por la
manera como sentimos el mundo, como sentimos el espacio, como nos
movemos en el, como lo entendemos, como nos relacionamos con este; El mapa es una herramienta de difusión de pensamiento para lo que al estado concierne, pues desde el comienzo de su producción a servido a todos los
fines políticos imaginables. Hacer un mapa es un acto político en si mismo.
Determinar la manera como se desarrollara y como percibirá un
determinado espacio territorial un sujeto cualquiera por medio de
dichos mapas, otorga una responsabilidad y un poder sobre dichos
individuos más allá del simple acto de revelarle lo que hay más allá
de lo que percibe. El mapa puede determinar no solo las distancias
físicas, si no también las distancias entre los pueblos. Una comunidad
podría llegar a ver a su vecino como foráneo según la información que
se halla condensado en los mapas con los que tengan relación. El mapa
siempre ha sido una herramienta ampliamente usada y hasta cierto punto difundida por diversos estados entre sus comunidades, puesto que el comercio desde la
antigüedad dependía ampliamente de estos. Y, aunque inicialmente eran
artículos costosos y sofisticados, generalmente se podría acceder a
uno si se necesitaba. Todos los ejércitos de la historia han hecho uso
de mapas para identificar a un enemigo y destruirlo.
El mapa es una herramienta de valor incalculable. A través de el
pueden generarse conflictos o empatias entre distintas facciones sin
que se halla producido previamente ninguna relación real entre estas.
Un determinado gobierno puede decidir si sus gobernados se relacionan
o no con un determinado grupo, o si deben llevar a cabo alguna otra
acción con dicha gente. Pueblos e individuos que jamás habían tenido
relación alguna entre si, y que no tenían necesidad alguna por luchar
entre ellos han llegado a niveles de beligerancia extremas; Las
cruzadas hicieron que campesinos europeos que nunca hubiesen soñado con ver la
costa mediterránea de Israel terminaran atacando aldeas musulmanas de
las que no conocían absolutamente nada. Fue un poder mayor que tenia
acceso al inconmensurable potencial de los mapas, sus códigos y la información con la que estan imbuidos la que decidió quien
debía vivir o morir y quien debía terminar dicho trabajo. A través del
mapa se puede llegar a controlar, en el terreno de lo político,
cualquier cosa. Hoy en día gracias a Internet y los medios de distribución
de información masificados sigue siendo perfectamente posible
determinar la verdad más conveniente y construir realidades alternas a
partir del mapa. La propaganda de estado que se vivió en la segunda
guerra mundial con tanta evidencia y eficacia sigue siendo posible, y
a través del mapa sus sutiles influjos en las mentes de las personas
siguen siendo palpables y duraderos.
La transformación de una idea puramente mental, que se genera a partir
de nuestra experiencia de recorrido y vivencia con un cierto lugar que
habitamos, en una imagen proyectada en un plano bidimensional es una
manifestación estética. Determina por medios visuales una política viva, una determinación directa de nuestra
manera de relacionarnos con nuestro entorno y con los demás
individuos. El mapa a la par de una herramienta de diversas índoles, puede ser a su
vez una herramienta artística.
La construcción de un mapa implica la estratificación de una cierta información, y su correspondiente sistematización para que así, pueda ser leído y comprendido bajo un análisis no muy complicado. Este proceso es similar a la labor de producir un texto, y tal como sucede con la elaboración de textos, con los mapas hay distintas maneras de concluir el trabajo, distintas vías, distintas estructuras a seguir. Tal como sucede con el texto, el mapa puede asumir la configuración rizomatica propuesta por Deleuze y Guattari, y transformar la simbología usada para proyectar la idea de un territorio, en unidades de información dispuestos a ser ensamblados o dislocados de maneras diversas según requiera cada caso. El mapa se convierte así en una herramienta de composición de ideas, a la par de sus otras cualidades; Sobre todo la de herramienta política.
El mapa como herramienta de disposición de una cierta cantidad de información dispone de un infinito número de posibilidades, en cuanto el asumirlos ejes multidimensionales, es decir, rizomas, pues son innumerables las posibilidades de articulación a la hora de mapear recorridos, o producir mapas a partir de otras experiencias que lo permitan. Sin embargo, su riqueza visual solo es equiparable a la fuerza discursiva que entrañan: La posibilidad de elaborar nuestros propios mapas a partir de nuestras propias vivencias, desde nuestras propias perspectivas y según nuestros propios intereses –y caprichos- hacen del mapa como rizoma un manifiesto político, la no posibilidad de agentes externos –generalmente institucionalizados- de determinar nuestra realidad, o la simple manifestación de la voluntad propia de resolver la espacialidad de nuestro cotidiano, o cualquier otro problema referente al lugar, mapa, y sus contenidos. Una memoria propia que, aunque individual, puede en realidad conectarse con otras y generar un espacio de la memoria, tanto del sujeto como colectiva.
Dislocar el recorrido de un punto a otro a través de la ciudad, además, es importante en el sentido de manifestar en nuestra propia vivencia activa la experiencia artística. El arte y existencia ligadas e interrelacionadas para conformar un único dispositivo discursivo, político y artístico; Dislocar el espacio tal cual se nos muestra –o tal cual se pretende enseñarnos como es- entraña la autonomía de desobedecer, o incluso transgredir viejos márgenes que permean la sociedad y sus procesos.
Seria pues el mapa como manifiesto político, distribución de la realidad tal cual deseemos asumirla, en un único acto político. Asumir la elaboración de la distribución de dicha información, es asumir la propia consciencia de lo que se es y de lo que se hace –Hasta cierto punto- las divisiones de lo que es obra, artista y observador, se dilatan, puesto que el objeto artístico es a la vez cada mapa y su totalidad, y en ese sentido el artista es solo en cuanto el generador de un proceso, mas no de un objeto cargado de significados arquetípicos o legitimadores, si no que, el objeto como tal desaparece o es irrelevante en el sentido de unicidad, al contrario, la importancia se acerca mas a la información y a la manera como dicha información se va elaborando y asumiendo en cada aspecto que toca al proceso central.
lunes, 6 de octubre de 2008
muerte de la muerte
La percepción de un destello de luz desencadena un sin fin de lecturas. La maquina de la mente humana recoge toda esa información y paso a paso, explica a todo lo demás lo que significa dicho destello, y genera entonces, una ilusoria explicación topográfica de lo que el exterior ofrece, permitiéndonos interactuar con el entorno. Pero no contenta con construir la realidad, también se permite cegarnos. La mente esta dotada también de la posibilidad de la emoción, de revestir de significaciones aparentemente mucho mas profundas a las cuestiones más mundanas. Ni bueno ni malo, un método de perpetración de la especie.
¿Amarían sin sus preciados destellos cegadores? Claro que no. Todo lo que rodea a dichos procesos es ilusión, es una bruma que encierra a cada individuo en una burbuja distinta, en una realidad aparente que cada quien hace a su antojo, algunas veces, en colectividad. Más no hay ningún mundo de las ideas, ni ningún mundo real. Todo esta aquí, en nosotros, y en la mente.
Con otros estímulos, la mente construiría otra visión de la realidad. Con otro entorno, la mente proyectaría otra imagen de nosotros mismos. Con la llegada de un nuevo mundo, no habría nada de lo que conocemos, y todo el misticismo del amor y demás caprichos se desvanecería pedazo a pedazo para siempre.
Esto significa que no tenemos límites. Significa que la mentira y el engaño son potencialmente, todo. Significa que la construcción de un proceso de pensamiento, que es la esencia del arte, no esta supeditado a nada, y a la vez, depende de todo. Pero es la consciencia de lo que decidamos que es verdad lo que cuenta.
Venga a nosotros la inmaterialidad, y venga a su vez, su rematerializacion, allá y acullá, por todas partes, ni arriba ni abajo, imperecedero movimiento, explosión e implosión potenciadas al infinito.
jueves, 3 de julio de 2008
La puerta.
Crear
jueves, 26 de junio de 2008
El asesino.
El asesino.
Sin más precio que una botella llena de un líquido rojizo, precioso, la cabeza de John permanecía sobre la mesa. El estaba sentado a un lado, con su rostro oculto tras una pañoleta blanca y negra, moviendo con impaciencia su bien afilada daga sobre el suelo.
¿Qué más podría pedir? Se preguntaba. Aquella cabeza cercenada, inmoral, expuesta sobre la enorme madera de roble, tal vez valdría más que la botella que se le prometió. Lo que contenía la botella, era un secreto.
Y aunque valioso, su contenido podría no ser suficiente respuesta a su trabajo. Mientras dejaba que su daga pendiera de un lado al otro, las puertas del reciento se abrieron. Un hombre viejo, obeso, de rostro desagradable, sudoroso y algo sucio, pero ataviado con ropajes costosos, era quien arribaba. Llevaba consigo una sola cosa: Una botella cuyo contenido no era visible.
¿Y bien, le has matado? – Vocifero el viejo. Sin más prisa, una sola seña con el dedo fue suficiente para enseñarle la cabeza, impúdica en su desnudez, sobre la mesa. El desagradable hombre corrió, contemplando con una morbosa fascinación aquel mórbido trofeo.
He estado pensándolo, y creo que no es suficiente con lo que me traes – Dijo una voz que oscurecía el ambiente con su densa y metódica vibración.
¿Qué dices? – Contesto el viejo revelando su avariciosa naturaleza. ¿Qué más podrías tú pedirme a mí? –
Existe algo, y tendrás que dármelo o no saldrás vivo de aquí –
¿Te has vuelto loco? – Contesto el mercader. ¿Qué demonios quieres, dinero, joyas, mujeres? ¿Qué es? … Dímelo y te lo daré –
El asesino, cuya majestuosa presencia intimidaba enormemente al que días antes le hubiese contratado, se levanto, moviéndose por el recinto. Miro al viejo de arriba abajo, contemplando su grotesca apariencia, y mientras lo hacia, dejaba salir una que otra muestra de burla.
Quiero, uno de tus ojos – Dijo sin pensarlo mas.
El viejo enmudeció momentáneamente. ¿Qué era lo que quería decir, realmente iba a arrancarle un ojo?
¿Pero que dices, porque quieres dejarme tuerto? –
¡Cállate! – Respondió el asesino. ¡Tú no me interesas! Pero tus ojos han visto algo que yo deseo enormemente. Y quiero satisfacer mi dolor consumiendo uno de tus ojos. ¡Agradece que no te exija los dos!
¡Estas demente! – Exclamo el mercader. ¿Piensas que dejare que me pongas un dedo encima? ¡Ni lo sueñes! Además, ¿Qué cosa podría haber visto yo, que tanto lo deseas? ¿No te gustaría que yo te brindara más bien, esa cosa que tanto quieres? -
Esa cosa, como la llamas, cerdo repugnante, es algo sobre lo que tu dinero no tiene poder alguno. Ahora, póstrate, te arrancare el ojo con un solo movimiento –
El asesino arremetió contra el viejo hombre, sin vacilaciones, hasta alcanzarlo, alzo en un rápido moviendo su larga y fina daga, dejando que esta proyectara una siniestra sombra sobre el rostro pálido y lastimero de su ahora victima. Antes de soltar la estocada que le otorgaría su preciado premio, permitió a su otrora socio producir unas ultimas palabras.
Dime que es, terrible asesino, y te aseguro que haré lo que sea para dártelo. Permíteme intentarlo, pues no quiero perder mi ojo ni exponerme al terrible dolor de tan aterradora pérdida. Dime, pon a prueba mi astucia, no te fallare, ¿Qué podría ser lo que, un poderoso guerrero como tu, desea? –
¿Guerrero? ¡Ja!... Soy un mercenario, un asesino, un desalmado. Sin embargo, tus chillidos me divierten. Así que, para agravar tu desesperación, te contare que es lo que deseo. Pero ahora, de no poder dármelo, te exigiré un mayor precio por la cabeza de tu enemigo –
Así pues, con la daga aun por lo alto, el sombrío caminante se dispuso a relatar su historia. El viejo hombre colgaba de su otra mano, temblando pero a la vez, un poco aliviado, por la oportunidad que se le presentaba.
…
John Serol era un antiguo capitán de la guardia de la ciudad. Sus amigos lo respetaban, su familia lo adoraba, y la ciudad entera parecía resarcir sus años de servicio.
Sin embargo, un mercader avaricioso y opulento, venido del norte, ansiaba con fuerza algo que el “poseía”. Evidentemente, el avariento, eres tú. Se de tu fama, y de lo que de ti se decía. Tu enorme riqueza, y tu afán de proporcionarte el placer de satisfacer cualquier deseo que te sobreviniera. Y finalmente, luego de algún tiempo en la ciudad, añoraste algo fuera de tu propio alcance.
¿Y qué podría estar más allá de tu dinero? Algo muy sencillo. Una mujer. La hija de John Serol. Y aquel gordo, sucio y traicionero burgués estaba dispuesto a pagar lo que fuera con tal de someterla a sus retorcidos caprichos. ¿Crees que no lo sabía? Pues lo se.
Fue así como termine sirviendo a un miserable. Así fue como, seguí a un buen hombre hasta su casa. Así fue como atravesé el corazón de su hijo cuando trato de defenderlo. Y así fue como, antes de terminar mi diabólica tarea, mi corazón a su vez fue atravesado, por el rostro dulce y luminoso que tu mismo deseaste.
Y fue así como, a pesar de sentir el impulso de desistir, me gane su odio, matando a su padre, y hurtando el cuerpo para traer aquí esta sanguinaria prueba. La cabeza del padre de la mujer que deseo. Porque, a diferencia de lo que pienses, mi trabajo no me desagrada. Siento un placer casi inigualable al dejar que el filo de mi acero se resbale con agresividad o con gentileza sobre la piel indefensa de una de mis victimas. Pero, tal vez para mi sorpresa, tantos años en soledad han cobrado una sencilla cuota. Me he enamorado de quien no será mía jamás por su propia voluntad. Y, para empeorar mi situación, no quiero forzarla a nada -
…
Entonces, ¿Qué harás para darme aquello que deseo? ¿Le ofrecerás el dinero que ya ha rechazado? Puesto que, ¿Qué mas podrías intentar, tu, sucio y cobarde? -
No tubo que pensarlo mucho. Era imposible lo que se le exigía, y esto se revelo enseguida en su decaído semblante. El miedo calo profundamente, hasta lo mas hondo de su alma, y el asesino lo supo.
Mientras el mercader intentaba inútilmente de zafarse de las manos de su terrible agresor, no pudo evitar, presa del horror, reírse a carcajadas. El asesino, sin inmutarse ante la rara reacción, sintió sin embargo, curiosidad.
¿Ríes ante la pavorosa muerte que se cierne sobre ti? – Sentencio con una burlona mueca, en respuesta a las burlas que a su vez le eran lanzadas. El mercader contuvo su risa, para lanzar una última y desafiante respuesta.
Aun cuando serás el más mortífero de los asesinos, has sido doblegado por una inocente niña. Me das lastima, y espero en muerte lograr lo que no podré en vida, y vengarme de ti, sucia alimaña –
Dicho esto, y lanzada aquella ultima y osada amenaza, la daga voraz comenzó a desgarrar sus carnes. Tan violenta era su hambre, atizada por la ira, que poco quedo de el, que fuese reconocible. El cuarto entero quedo lavado en sangre, y las vísceras del miserable burgués quedaron esparcidas por todas partes, matizando la escena. El asesino, habiendo apenas salpicado solo un poco de la sangre sobre si mismo, se sacudió los pellejos que le colgaban sobre la mano, y los jirones de carne que habían quedado a sus pies. Tomo los ojos, como había sido su deseo, y se bebió el contenido de la botella.
El elixir lo condujo a un estado alterado de su propia percepción. Entonces, tomo los ojos, y los devoro. Para alguien que se había pasado la vida cegando vidas, era un confortable ritual.
Y más dulce aun, sabiendo que esos ojos, habían contemplado con poderosa lujuria lo que el más amaba. En cierta forma, siento que me acercaron un poco más a ella –
Por mí.
Por mí,
Por mi eterna persecución
Por mi eterna condena
Por mi eterna humillación
Por mi eterno acoso
Por mi eterno irrespeto
Por mí perseguida ideología
Por mí perseguida religión
Por mis perseguidas palabras
Por mis perseguidos sueños
Por mis perseguidos anhelos
Por mis perseguidos suspiros
Por mis injustos jueces
Por mis terribles perseguidores
Por mis numerosos enemigos
A quienes nunca busque
A quienes nunca quise
A ellos, a ellas, estas palabras, que también serán acusadas, violentadas y hostigadas.
Sigan disparando
Sigan culpando
Sigan acechando
Sigan urdiendo
Sigan blasfemando
Sigan difamando
Sigan distorsionando
No me he rendido, no me rendiré. Supongo que esta es la guerra de nunca acabar, donde solo yo estoy condenado a perder. Moriré, no interesa. Seguiré, como ustedes siguen, no parare, la lucha continua, aquí no hay paz.
Salve reina de la penumbra
Salve madre de todos los sueños
Salve señora mía
Salve esperanza de los derrotados
Salve maestra de los afligidos
Salve oscuridad palpitante
Salve eterna venganza
Salve refugio del olvidado
Salve, la resistencia, la lucha, la no aceptación, la inconformidad, la nunca completa búsqueda de justicia; Salven, pues venceremos, con nuestra sangre sobre el suelo.
Cosas varias.
¿Qué hace una piedra en el suelo? ¿Estorba? ¿Finge? ¿Busca algo? ¿Busca otras piedras?
Claro que no. Una piedra solamente se dedica a existir. ¿Es existir una actividad?
Seguro. Que gran actividad. Existir. Existir que pesa, que no tiene sentido, no exclama, no huele, no se siente, no se toca.
Gran actividad aquella, la de existir. Sin saber nada, y sin quererlo.
Una piedra en el suelo.
Que gran mierda.
…
-Mira hacia allá, ¿que ves?
-Un hombre joven, mirando por la ventana.
-Eso no es un hombre, es una sombra.
-Eso no es una sombra, es un reflejo.
-Eso no es un reflejo, es un recuerdo.
-Eso no es un recuerdo, eso, no es nada.
-Ahí lo tienes, eso me interesa, no me interesa nada.
…
Y es esta la realidad de las cosas, la realidad, si es que es aprensible. Tanta gente. Demasiada, mucha. Es solo cuando se esta sumergido en la efímera presencia de una gran multitud, que se tiene la verdadera dimensión de esta situación. Es solo aquí, y solo ahora, así sabe, así se toca. En medio de tantos, solo hay ausencia. Es irónico tener a tantos rodeándolo todo, y estar completamente solo. Esta es la presencia, la otredad, la distancia, el absurdo. Mala suerte, decisiones equivocadas, quien sabe. Soledad, eso si, sin nada mas, esto es.
De un toro.
Abres los ojos de nuevo; Oscuridad. Resoplas y solo sientes el polvo alzándose a tu alrededor. Tratas de moverte, apenas si estas a unos milímetros de los muros que te rodean. Te sacudes, pero no puedes, y te desesperas. Te desesperas momentáneamente, pero luego piensas, en la pradera, en los pastos, en los demás hermanos que te acompañaron durante tanto tiempo. Aquel mundo maravilloso ha desaparecido de momento, en una noche muy oscura, pero volverá. O eso te repites.
Finalmente, una luz segadora te asalta cuando menos lo esperas. Entre silbidos te enfrentas a un laberinto que no entiendes, y mientras te lancean y te pican, recibes un primer premio; Sobre tu piel cuelga una insignia racial, un distintivo de pureza de sangre. Continúas entre verjas y pasadizos inmundos, corriendo sobre un suelo movedizo y repulsivo. ¿En donde quedo el dulce toque del sol? ¿En donde están los tiernos brotes del verde vivo que alguna vez te recibió?
Termina el juego, y emerges del laberinto. Alzas la cara, y te rodea una densa línea roja. Algunos matices, nada a lo que acudir, nada a lo cual pedir ayuda. Varias figuras difusas, se despliegan sobre el suelo amarillo y árido que pisas. ¿Qué es ese lugar? La luz te ciega, te enfurece.
Entonces, la legión de sombras brillantes que te acechan cierra el cerco, y uno a uno, se lanzan sobre ti. Unos montando a esos raros primos tuyos sin cuernos, otros a pie, clavando estacas sobre tu espalda. Finalmente distingues a uno que sobresale por su crueldad, y te aferras a la esperanzas de que el te guiara a la salida si logras descifrar lo que desea mostrarte tras aquel paño rojo que agita frente a tu rostro. ¿Qué quiere decir? Tus preguntas quedan sin respuesta. Luego lo repites, ¿Por qué no me lo dices sin lacerar mi piel? Pero el continua.
Varias lanzas demasiado largas te hieren. Sientes tu interior ardiendo. Algo tibio y espeso emerge por tu nariz, por tu boca. ¡Sangre!... TU sangre. Te lamentas, sientes desfallecer. Resoplas una y otra vez. ¿Qué es ese ruido incesante? Un murmullo atronador que no se acalla. Una constante vibración, violenta, incesante. Gritos, son gritos, gritos de gente. Y distingues algo luego de un rato, un “olé”.
Cuando ya no puedes mas, tus rodillas se doblan, tus ojos se apagan, sientes tu cuerpo empapado en su propio fuego vivo, tu sangre. Todo tu ser llora, tu interior emerge, lacerado, brutalmente licuado, y brota por tu boca a montones. Mientras te preparas para caer, ese que mas se a ensañado contigo se alista, salta sobre ti, y te demuestra que el dolor no tiene limites; Algo frió y afilado rasga el fondo de tu alma hasta hacerte pedazos, desde adentro. Todo tu cuerpo tiembla, sucumbiendo finalmente. Terminas sobre ese árido material que compone el suelo, y lloras. Abrías querido que fuese sobre la hierba, abrías querido caer ante un enemigo digno, como podría haber sido el toro que dominaba los lindes de la siguiente pradera. Pero se te negó todo, y ahora yaces en el suelo, gimiendo y sollozando mientras tu sangre no para de llover. Finalmente, con la cabeza a medio levantar, sientes una punzada intensa y terrible sobre tu cuello, y te desplomas. La puntada no ha sido limpia, y aun puedes sentir el temblor de tus músculos, la pesada respiración que se complica. Aun lo sientes, los ríos de sangre, que brotan de tu corazón, que emanan de tu alma envuelta en lágrimas, y te duermes un poco, pero no lo suficiente.
Te arrastran, no sabes a donde vas. Agonizas, te desesperas. Tratas de gritar, no puedes. De vuelta a la oscuridad. De vuelta al tormento frió y callado, supones.
Sientes cerca la muerte. Agradeces que finalmente vayas a descansar. Pero justo antes de terminar de partir, sientes que te destajan milimétricamente, y todo tu cuerpo es despedazado sin razón aparente. Tu piel es arrancada, tu única posesión en la tierra es mancillada sin piedad. Mientras te hundes en la más profunda de las agonías, finalmente sucede. Mueres, sin aun comprender un porque.
Del dolor de no ser; de Morir.
Del dolor de no ser; de Morir.
Había caminado al menos durante una eternidad, o tal vez dos, y el dolor aun no amainaba. Me atormentaba, como un viento que azota y no cesa de correr, aniquilando mis esperanzas, ahogándome con su forzoso arrebato, hasta permitirme caer y llorar.
Entonces, retorciéndome entre el polvo, agonizando, me lo pregunte. ¿Por qué no puedo estar en paz, porque no puedo estar tranquilo, porque mi boca no sonríe, porque mis ojos lloran, porque todos ríen y yo sigo aquí, sollozando?
Y si, es un lamento, uno terrible y desesperado. Mientras dejo que mis lágrimas corran y caigan, tomo el polvo y las piedras, y las apreto contra mi rostro. Ahora no son solo lagrimas, también hay sangre. Sangre, mía, corres tibia, te haces fría, y vuelves a la tierra. Quiero ir contigo, a la tierra, a sus entrañas, quiero ser tierra, no quiero ser hombre.
No pude caminar más. Mi corazón estaba reventado, no podía ir más. ¿Por qué? Y sigo con la retahíla de preguntas, y el recuento interminable de los desastres. ¿Cuando acaba el infierno, cuando termina mi sufrimiento?
Y sigo aquí, susurrando entre las piedras. Maldiciendo a mi nombre, mordiendo la roca hasta hacer pedazos mis dientes, y con ellos, mis sueños. Ella no me quiere, me habla pero no me cuenta, me mira pero no me toca, y yo solo tomo entre mis manos las astillas, y las dejo entrar, hasta manchar todo con la escarlata sinfonía.
Y en medio de un rojizo mar, hundo mi rostro y no pregunto más. El dolor palpita sin cesar, la sangre hierve, desespero, me ahogo, no puedo vivir más.
Y me quedo allí. Suspiro por última vez bajo el charco rojo que deje atrás, y sobre el cual me zambullí. Y si, he muerto al fin, el dolor desciende, y me siento perdido. ¿Que hice? Morir.
¿Por qué?
Anda, abajo, por el polvoriento camino. Sube la marea, el viento la agita, y la lleva más alto. Descansa, al lado del camino. Sucumbe, ármate de valor de nuevo, descansa, lucha, pierde, vence, prevalece, resiste, resígnate.
No, dijo, no. ¿Luchar? ¿Contra que? ¿A que se enfrenta el que lucha sin arma o herramienta alguna, con la cual poder luchar? A la fealdad rechazada por una mujer.
Maldito sea, el débil, el cobarde, el mentiroso, el ignorante, el humilde. Maldita honradez, maldito desconocimiento, maldita falsedad, maldito miedo, maldita enfermedad. Pero por sobre todas las cosas, maldita fealdad.
Vendería mi piel, vendería mi carne, vendería mi sangre, vendería mis huesos, vendería el viento en mis pulmones, el agua de mis lágrimas. ¿Para que? Para mirarla por ultima vez a los ojos, y poder sentir que tal vez lo hubiese conseguido. Solo un “tal vez”, una maldita oportunidad. Para irme tranquilo, sin piel, sin carne, sin sangre, sin huesos, sin anhelos, sin esperanzas, sin pensamiento, ideas o alma. Me vendería, desde el más pequeño fragmento, hasta el más grande, solo por tener la felicidad infinita de pensar que tal vez lo hubiese podido conseguir.
Más estoy aquí. Después de luchar, contra mil demonios, contra el tiempo, pero sobre todo, contra mi mismo. Vencido, venceré. Derrotado, derrote. Mas en la más importante de las batallas, herido y acorralado, el tiempo me ha alcanzado. Cansado, agobiado, sollozo sin escape alguno. Y entonces, los recibo. Uno tras otro, disparos envenenados, puñales sangrientos que abren mi ser y lo despedazan. No, y no, y una vez mas, no. Y entran en las yagas abiertas mil dedos, y en las venas desgarradas otros mil mas.
Y al final, me pregunto, ¿Por qué?
Solo me gustaría saberlo,
¿Porque?
Verdad
Y finalmente, se revelaba ante mí aquella cosa, como un torbellino agitado y turbulento que no cesaba de moverse, de aquí allá en mi interior. Era la verdad. La verdad, esa palabra tan temida por los hombres, porque puede arrastrarlos a la dolorosa realidad de luchar por su propia libertad, y por poder ver por sus propios medios, de pensar por si mismos y de respirar su propio aire. Temida hasta calar con un gélido toque sus huesos, porque aman sus cadenas. Aborrecida, porque hiere profundamente su alma que adora el rebaño, y odia pensar en la lucha diaria de la soledad, cuando solos nos sabemos en la verdad.
¿Ama el esclavo el látigo que lo golpea? Sin duda, y más aun, cuando después del tormento, le deja masturbarse en silencio, en paz. Gimiendo tras la jaula, exacerbando su mente con imágenes vacías e ilusorias, gruñendo ante cualquier señal de criterio o convicción, odiando todo cuanto huela a autosuficiencia, o peor aun, autocomplacencia real. El ser humano aprende rápido a amar las piedras con que tropieza, y las mentiras que con hipocresía lo hacen feliz. Y peor aun, es ciego y no quiere ver. Se niega, trivializando cualquier cosa que trate de decirle aquella poderosa palabra: Verdad.
Poderosa verdad, atraviésame con tu lacerante firmeza, y no me dejes caer en la maligna y autodestructora negligencia que mantiene a los hombres atados a falsas imágenes e ídolos de piedra o mentiras. Deja que tu mano flamígera me hiera, que muerda mi carne y me consuma de dolor, pues tu única virtud es mostrar la realidad y permitirme la libertad, y su costo no es menos que el sufrimiento de conocer dicha libertad. Cuan vacíos son los reinos de piedra, desalmados, ajenos a la realidad de sus habitantes, cuantas rastreras artimañas se entretejen en el resguardo de sus muros, o cuantas vidas se acaban lastimeramente después de una eternidad de suplicios. Sin duda alguna, miles, como innumerables cenizas al aire, deshaciéndose, sin sentido alguno, injusticias sin fin, lagrimas que caen en un mar de indiferencia.
Locura
I
- Habla fuerte y claro.
¿Qué es este dolor? – Nada, no importa, no esta, no existe.
¿No lo sientes? – Mórbido deseo el tuyo, lo siento, pero no importa.
¿Lo disfrutas? - ¡Claro que si! ¿Qué no es acaso el dolor placer?
No, no lo es - ¿Cómo, no lo es?
No, nunca lo ha sido. El dolor siempre quiso ser placer, el placer siempre quiso ser dolor. Pero están constantemente uno tras otro, sin tocarse, enloqueciendo a los que los siguen, porque no pueden diferenciarlos.
¿Sientes placer? – No, ahora lo se, no.
¿Por qué? – Soy adicto al dolor y la miseria, me provoca un lujurioso y tentador regocijo. El mió propio es muy dulce, el de los demás, me hace enloquecer en voluptuosidad.
¿Eres adicto al dolor? – Te lo he dicho, el dolor es placer.
No lo es, y a la vez, lo es – Lo es.
No, no lo es, pero sientes placer – Entonces soy un masoquista.
Lo eres – Lo soy.
II
¿Por qué has terminado aquí? – Mi dolor.
¿Adoras tanto tu dolor? ¿No deseas tener algo más? - ¿Qué mas me queda si no mi dolor? Del mundo la única certeza es la mentira, ¡Suculenta ironía!
Tu dolor es una farsa. ¿Eso dices? – Por supuesto. Nada hay que pudiese yo llorar con lagrimas verdaderas. Disfruto mucho haciendo que mi sufrimiento parezca real, pero todo es un relato, ficticio, facturado.
¿Entonces, ella? – Has dado en el punto, y me has desenmascarado. No todo mi dolor es falso, ahora lo recuerdo. Existe dolor en mi, real, y es el que mas punzante agonía produce.
¿En ti? – Y en otros.
¿Ella? – A ella, jamás.
¿Qué harás? - ¿Qué puedo hacer, por los dioses? Ella ha dicho “no”, con voz fría. Nací para envidiar a aquéllos que reciban un “si”. Es la injusticia, de esa marca con la que naces. Esa, que llamas rostro. Esa, que llamas cuerpo. Esa, que llamas… belleza.
¿Te consideras despojado de belleza? – Si pudiese lanzar una respuesta sobre una pregunta tan abominable, te haría de mi puño, aquí mismo.
Todo esto te limita. ¿Lo comprendes? – Lo entiendo. Sin embargo, el dolor es adictivo, soy su esclavo, su más devoto siervo, beso sus pies cada día, y su boca maravillosa cada noche. El dolor, vivo, palpitante, lo adoro, tanto que no puedo dejarlo.
No lo dejes. Pero abandona la mentira en el – El dolor es mentira.
Lo se. Pero aun en la mentira hay verdad. ¿No has dicho tú, con suma razón, que la única certeza del mundo es la mentira? – Así es. La mentira engendra una diametral verdad.
Deja que la mentira te enseñe la verdad sobre su propia naturaleza, y sobre el dolor que cargas para exacerbar tu conciencia a cada momento – Deja que examine mis entrañas.
III
¿Qué has hecho? – Me he arrancado los ojos.
¿Para que harías tal cosa? – Si no la veo, no veré la mentira insaciable, es decir, el dolor insoportable.
¿Acaso existe para ti, demonio retorcido, algún dolor tan terrible como para que no puedas soportarlo? - ¡Si, infierno sofocante, si que lo hay!
¿Cuál es ese, el que provoca una llama sobre tu piel, o el de tus pulmones estallando de felicidad? – El de Ella, como ninguno, y ninguno mas.
Eso es patético, y hermoso – Es horrible, es la voz del hambre clamando sin detenerse por un poco de comida. Maldita arpía harapienta que no se calla, y vive en mi cabeza mendigando un poco de comida. Maldita alimaña voraz, jamás saciada, siempre rogando y arrastrándose, por un poco de comida. ¡Maldita seas! ¡Hija del infierno que me ahoga y me arranca!
¿Entonces, has ofrendado cada uno de tus ojos ha su ignominiosa respuesta? - ¿Y como no hacerlo? Mi adorada, estandarte de todos mis altares, a ella dedico cada palabra de agonía, cada susurro sobre el suelo, mientras remuevo el polvo que dejan mis patéticas lagrimas. A ELLA, a la única a la que le debo este gozo infernal por mi propio fracaso. Ella es mi derrota definitiva, mi ruina, mi aniquilación. ¡Cuánto la adoro por eso!
Realmente eres un demonio terrible – Calla y arrodíllate, ahora voy a matarte.
No podrás, pues no puedes verme. Si no me ves, no me tocaras – Puedo verte, insensato, pues los que he arrancado, fueron los ojos de mi cordura.
lunes, 25 de febrero de 2008
Iniciando -
¿Alguna vez te has sentido cansado? Pensando que ya no queda nada, la comida ya no sabe igual, el vino ya no te embriaga, el amor ya no toca a tu puerta, el mundo te es indiferente, incoloro, incipiente, ¿Alguna vez te has sobrecogido de tal manera, que sientes la angustia consumir hasta el mas remoto de los rincones de tu ser?
Espero que al menos una vez, te hallas sobrecogido ante esta sensación, y te hayas visto obligado a detener tu marcha y sentarte a un lado del camino, a pensar y divagar. Y espero que haya dolido, y que hayas derramado lágrimas amargas de desilusión y frustración.
¿Por qué? Porque no es si no de este, sufrimiento tan intenso, que surge la necesidad, por vivir realmente, por conocer, por sentir, por no ser uno mas en una lista interminable de sombras sin destino, futuro o nombre.
Porque es con la punzante sensación de abatimiento, soledad y tristeza, con la que llegan las mejores etapas de creatividad, es de ellas que nace el Arte, la música y la poesía más maravillosos. Es en
¡Cuidado!; Este no es lugar para cristianos abstemios, o ebrios retrogradas. No pretendo decir o hacer cosa alguna que halla descendido de la herencia de la gran ramera romana, la iglesia, o de cualquiera de sus hijos bastardos. Muy por el contrario, aquí planto mi más enérgica herejía, una diatriba blasfema que busca sencillamente desahogar mi hastío y mi cansancio de un mundo mundano, servil y aburrido. Que las falanges de fascistas con mascaras de liberales retrocedan ante el clamor de sus amos, y no entren aquí jamás.