jueves, 26 de junio de 2008

¿Por qué?

Anda, abajo, por el polvoriento camino. Sube la marea, el viento la agita, y la lleva más alto. Descansa, al lado del camino. Sucumbe, ármate de valor de nuevo, descansa, lucha, pierde, vence, prevalece, resiste, resígnate.

No, dijo, no. ¿Luchar? ¿Contra que? ¿A que se enfrenta el que lucha sin arma o herramienta alguna, con la cual poder luchar? A la fealdad rechazada por una mujer.

Maldito sea, el débil, el cobarde, el mentiroso, el ignorante, el humilde. Maldita honradez, maldito desconocimiento, maldita falsedad, maldito miedo, maldita enfermedad. Pero por sobre todas las cosas, maldita fealdad.

Vendería mi piel, vendería mi carne, vendería mi sangre, vendería mis huesos, vendería el viento en mis pulmones, el agua de mis lágrimas. ¿Para que? Para mirarla por ultima vez a los ojos, y poder sentir que tal vez lo hubiese conseguido. Solo un “tal vez”, una maldita oportunidad. Para irme tranquilo, sin piel, sin carne, sin sangre, sin huesos, sin anhelos, sin esperanzas, sin pensamiento, ideas o alma. Me vendería, desde el más pequeño fragmento, hasta el más grande, solo por tener la felicidad infinita de pensar que tal vez lo hubiese podido conseguir.

Más estoy aquí. Después de luchar, contra mil demonios, contra el tiempo, pero sobre todo, contra mi mismo. Vencido, venceré. Derrotado, derrote. Mas en la más importante de las batallas, herido y acorralado, el tiempo me ha alcanzado. Cansado, agobiado, sollozo sin escape alguno. Y entonces, los recibo. Uno tras otro, disparos envenenados, puñales sangrientos que abren mi ser y lo despedazan. No, y no, y una vez mas, no. Y entran en las yagas abiertas mil dedos, y en las venas desgarradas otros mil mas.

Y al final, me pregunto, ¿Por qué?

Solo me gustaría saberlo,

¿Porque?

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