“… Y entonces, el hombre dijo: Hágase la Luz; Y a la sazón por la Luz fue cegado…”
La percepción de un destello de luz desencadena un sin fin de lecturas. La maquina de la mente humana recoge toda esa información y paso a paso, explica a todo lo demás lo que significa dicho destello, y genera entonces, una ilusoria explicación topográfica de lo que el exterior ofrece, permitiéndonos interactuar con el entorno. Pero no contenta con construir la realidad, también se permite cegarnos. La mente esta dotada también de la posibilidad de la emoción, de revestir de significaciones aparentemente mucho mas profundas a las cuestiones más mundanas. Ni bueno ni malo, un método de perpetración de la especie.
¿Amarían sin sus preciados destellos cegadores? Claro que no. Todo lo que rodea a dichos procesos es ilusión, es una bruma que encierra a cada individuo en una burbuja distinta, en una realidad aparente que cada quien hace a su antojo, algunas veces, en colectividad. Más no hay ningún mundo de las ideas, ni ningún mundo real. Todo esta aquí, en nosotros, y en la mente.
Con otros estímulos, la mente construiría otra visión de la realidad. Con otro entorno, la mente proyectaría otra imagen de nosotros mismos. Con la llegada de un nuevo mundo, no habría nada de lo que conocemos, y todo el misticismo del amor y demás caprichos se desvanecería pedazo a pedazo para siempre.
Esto significa que no tenemos límites. Significa que la mentira y el engaño son potencialmente, todo. Significa que la construcción de un proceso de pensamiento, que es la esencia del arte, no esta supeditado a nada, y a la vez, depende de todo. Pero es la consciencia de lo que decidamos que es verdad lo que cuenta.
Venga a nosotros la inmaterialidad, y venga a su vez, su rematerializacion, allá y acullá, por todas partes, ni arriba ni abajo, imperecedero movimiento, explosión e implosión potenciadas al infinito.
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